Pocas cosas resultan tan comunes y frustrantes en la cocina como intentar pelar un huevo cocido y ¡acabar llevándonos media clara junto con la cáscara! Lo que debería ser un paso sencillo y rápido, termina siendo algo lento y difícil y como resultado un huevo poco estético y media clara en la basura.
Muchas personas culpan al tiempo de cocción, a la temperatura del agua o a no haber enfriado bien los huevos después de hervirlos. No obstante, la explicación suele estar en otro factor mucho menos conocido y es que, de hecho, se encuentra en una característica del propio huevo.
La razón por la que algunos huevos se pelan peor
Aunque pueda parecer contradictorio, los huevos más frescos suelen dar más problemas. Y es que se trata precisamente de esto, del hecho de que la frescura influye en el pelado.
Cuando un huevo acaba de ser puesto, la membrana situada justo debajo de la cáscara está muy adherida a la clara. No obstante, la composición interna del huevo cambia ligeramente unos días después.

Con el paso del tiempo, el huevo pierde parte de su dióxido de carbono de forma natural a través de los poros de la cáscara, lo que provoca cambios en el pH de la clara y hace que la membrana se desprenda con más facilidad. Por eso los huevos muy frescos suelen ser más difíciles de pelar que aquellos que llevan varios días almacenados.

